su barrio es tan enclemente y su comparsa siempre es cruel; sueña con que su rollo sea películas de amores suaves.
es aguijón picante y miel, se tambalea en sus tacones, no tiene nada que perder; nunca pudo comer del queso sin que la trampera la aplaste.
los coches van y vienen y su ilusión fulana, se empolva la nariz, muerde el labio y va otra vez para ahogar arcadas gusto a menta, junto con sus bostezos.
se maquilla la piel para el túnel de amor y también para su tren fantasma, será el propio buen Dios, quién toca asó el tambor y que ahuyenta su clientela y la aflije con tristezas.
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