What is and what should never be.

26.2.10

Entonces fui consciente. De todo. De cada cosa, por separado. Y el pecho empezó a crecerme con una rabia que nunca antes había sentido. Y los ojos se me llenaron de enojo y de rabia y las cosas que había alrededor no parecían suficientes para romper, triturar, destrozar y descargar mi odio. Por qué. Por qué a mí, por qué yo. Por qué vos sonreís ¡Sonreís! qué idiota me pareciste en ese momento, y en el otro, cuando respondiste sarcásticamente, qué insuficiente me parecieron mis palabras alteradas y el tono de voz elevado; qué inútiles las manos, las piernas, la cabeza, que estaban ahí en ese momento de decoración. Qué idiota te veo después de un tiempo, con la misma sonrisa y el mismo tono suficiente; qué distinta e igual que sigo yo, como siempre, la misma de siempre. Qué decepción me diste cuando me hablaste. Qué decepción me dí cuando te contesté. Qué sonrisa me saqué a mí misma cuando descubrí que no eras nadie. Y qué ansias, qué nervios, qué ganas de todo ahora, que ya dejaste de ser siquiera nadie, sos menos que nadie, ni un punto, porque no hay papel, no hay lápiz. Y qué lindo me parece mi tono de voz, qué lindos mis ojos brillando, qué linda la perspectiva, qué lindo lo que ven. Qué necesidad tienen de verlo. Qué necesidad tengo de pensar y sonreir, porque sé sonreir yo también. Y ahora grito y me río de lo tonta que fui, me río de lo tonta que voy a ser, me río de mí, de lo que estoy por encontrar, de lo que encontré, de vos que no existís, de todo. Qué risa, qué risa, qué risa. Qué risa la vida, qué genial es pensar en todo lo que queda, y en todo lo que no va a quedar nunca más, como vos, que ahí estás, lejos, lejísimos. Cierto, todavía vivías. Pero lo mismo dá para mí. Y ahora saludo con ganas. Y bajo. Y vuelvo a subir. Y me siento satisfecha conmigo, con él. ¡Sí! A pesar de mi forma asquerosa y desagradable de obsesionarme, a pesar de que daría mi alma por desprenderme de mí misma para pasar un rato tranquila, a pesar de que me dé tanto asco mi forma de quererlo, lo quiero, y me siento bien con eso. Y entonces empiezo a mirarte, y lo miro a él, inevitablemente, noto tantas diferencias, pero, ¿voy a ser feliz algún día? ¿Algún segundo? ¿en algún momento? y me reitero la pregunta con gusto, con ganas de averiguarlo, y sonrío porque te alejás y él se acerca, y todavía hay tantos que se van a alejar y tantos que se van a acercar que tengo ganas de saltar en un pié, y me muerdo el labio pensando en qué decirle, esas ansias previas a cualquier cosa, la etapa del descubrimiento mutuo, lo más emocionante, cuando no hay odio alguno, ni hay rencor. Y me parece tan genial, y vos tan minúsculo, y niego porque no quiero hacer comparaciones pero me resulta inevitable, y voy, camino y voy hacia él, no muy segura, pero sigo caminando.

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