Lo veo cruzando un bosque, lo veo alejándose de mí. Tomaban un café, me acuerdo de la mañana que me mostró su piel: estábamos en un bar y se cortó la cara, vibraba como en un nirvana y luego se hechó a correr. Pasábamos todo el día tirados en la cama, el tiempo, maldita daga, lamiéndonos los piés; brillaba, era una perla y nunca hacía nada, después dijo que me amaba y se undió la gilette. Sangró y se reía como loca, no he visto luz ni fuerza viva tan poderosa; de todas ellas, él fue mi frase más hermosa
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