¿Sabés qué? Tenés complejo de princesita de cuentos. Estás dormidito esperando que venga tu príncipe azul (en este caso me tocó a mí el rol de príncipe, no nos quedó otra) a despertarte. Podrías esperar toda tu vida, dormir no te hace mal; no te gusta el estado en el que estás, pero mal no te hace, y podrías seguir esperando.
¿Pero sabés qué más? Yo no quiero hacer de príncipe. Yo quiero por una vez decir que pierdo la noción del tiempo, que soy tuya; sí, yo también tengo complejo de princesita de cuentos. La diferencia es que lo mío es una fantasía, y lo admito: fantaseo con el día en que seas cien por ciento mío. No te espero, ni estoy dormida. Estoy despierta, bien atenta, en el colectivo, odiándote, porque siempre odié los cuentos, siempre odié las princesitas de cuentos de hadas, y me gustaría que alguna vez podamos caminar juntos de la mano, sin ninguna otra preocupación. Lo veo todo los días, es casi cotidiano; ¿tan dificil es lo que pretendo? No quiero más que tus brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario