What is and what should never be.

15.6.11

Hace tanto que
no escribía en el blog
no escuchaba los rolling stones
me ponía de malas por una mala nota
pensaba en lo desalmada que es la gente en los colectivos


Pero la cuestión es que pintó volver a escribir, sí, necesitaba descargarme un poco sobre bueno, no se, la vida. Saben que empecé teatro? No entiendo a quién le hablo...
Bueno, empecemos por el tema de los colectivos. Ayer hablando con un amigo que me mostró un gráfico sobre cómo se ubicaba la gente en el colectivo y hoy yendo al colegio en 124 porque llovía mucho como para caminar 5 cuadras por Callao, me dí cuenta de qué simpática (sarcasm on) es la gente en los colectivos. Posta (sarcasm off) parece que todas las viejas chotas y malcojidas (obvio, si las viejas no cojen) de toda la ciudad se unificaran a las doce del mediodía para viajar en colectivo. Enserio. Porque yo se que hay viejas copadas, como las abuelas, que cocinan de todo y les gusta llevar a pasear a sus nietos, hacer regalos y contar anécdotas divertidas. Pero claramente estas viejas no. Estas viejas, lo primero que hacen, es preguntarte en la parada si el colectivo está de paro, pasa por ahí, y la lleva hasta tal lado. Y vos bueno, le respondés que sí que pasa, que tarda mucho, y que te lleva hasta tal y cual lado. La señora agradece. Después te hace algún tipo de comentario sobre el clima que vos sumido en la magia de tus auriculares simulás haber escuchado. Hasta ahí está todo bien. Ahora, resulta que la vieja se sube al mismo colectivo que vos, hay poco espacio, entonces terminás quedando cerca de ella. La vieja, que parece perfectamente normal, no está ni muy vieja ni muy jorobada ni operada ni embarazada solamente un poco arrugada (razón por la cual no le urge sentarse en lo más mínimo) pide a gritos un asiento, maltratándote porque vos amagaste con sentarte. Bueno, te quedaste sin asiento esta vez.
Ahora, en el viaje de vuelta, resulta que el colectivo está vacío y a la vieja se le ocurre pedirte justo a vos que le cedas el asiento. Vos la mirás con ojos evaluadores, preguntándote por qué carajo la vieja viene a romper las pelotas si tiene el resto del bondi, y encima a simple vista no se vé que necesite sentarse. Pero bueno, dejás el asiento. Entonces te movés hacia el fondo, y te encontrás con otra vieja que ya está sentada con millones de bolsitas (qué meten en tantas bolsitas?) desparramadas por su regazo. Y cada tanto, ves que mueven las bolsitas amagando a bajarse, pero lo único que hacen es cerrar las bolsitas y abrir más bolsitas. El ruidito del plástico empieza a exasperarte y te preguntás por qué vos, que sos el joven y futuro incierto de la patria, por qué a vos que venís de bancarte cuatro horas en el colegio con un profesor taladrándote la cabeza a conocimientos, no te podés sentar a leer un libro para viajar como la gente. Por qué a vos, se te ocurrió moverte ahí y escuchar cómo la vieja que está sentada y amaga con bajarse te cuenta cosas sobre sus operaciones, nietos, y familiares. 'Hace poco tuve una operación de hernia, sabías' No, no sabía, ni me interesa, ni me interesa saber cómo tus nietos aprendieron a caminar, ni cómo eran los colectivos en tu época.
Finalmente, te terminás moviendo más al fondo, donde están los vagos que se sientan en los asientos del final. Y al fin, el codiciado lugar se desocupa, y ¡bien! es justo al lado de la ventana, y vos tenés calor y esperás de forma anciosa sentarte ahí y poder respirar con normalidad, y ¡sí! Te sentás, para descubrir que la siguiente es tu parada.

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