Posó sus ojos sobre el río quieto masticando lo último que quedaba del sandwich. Así que ahí estaba él, pidiéndole consejos a una persona que a penas conocía, la cual podía decir más cosas de él mismo que cualquier miembro de su familia; se preguntó si era esa la consecuencia de no tener amigos: pedirle consejo al primer intelectual que se le cruzaba.
- No me considero una experta en el amor, pero por lo que leí en los libros... bueno, se que es exactamente lo contrario a lo que pasa en los libros -reflexionó ella, mirándolo con sus inocentes ojos directamente hacia los de él -. No existe eso de tener una amante en alguna otra parte del mundo e ir a buscarla después de 15 años que no se ven, ni escapes clandestinos a media noche, ni encuentros y charlas a través del balcón, ni sexo desenfrenado en el techo, ni declaraciones de amor frente a toda una multitud. Tampoco existe el romance entre clases sociales, es decir: la portera nunca va a casarse con el propietario del departamento, ni Jane Eyre pudo alguna vez conquistar a Róchester. En el mundo real, eso es físicamente imposible. Pero no hay nada irreal en un posible amorío entre un cliente y la vendedora de autos; de hecho, mi mamá tenía una amiga que se casó con su mecánico. No entiendo por qué te hacés tanto problema, si tenés sexo con mujeres casi a diario.
- Ese es concretamente el problema. Estuve con mujeres de todo tipo: mujeres hermosas, poco inteligentes (sobre todo con mujeres poco inteligentes), pero también tuve sexo con mujeres cultas con las que mantuve prolongadas conversaciones; mujeres que no eran precisamente lindas de cara, no se si me explico... en fin, sexo hubo de sobra. El quid de la cuestión es el tipo de sexo que tuve: sexo sin contenido, sexo vacío, sexo efímero, y todos los sinónimos que encuentres. Nunca en toda mi vida me importó realmente una mujer, descartando a mi madre, claro. Y ella ni siquiera me importaba tanto. Digo, crecí con 9 hermanos y mi papá, viviendo solamente entre hombres... un psicólogo me diría que mi problema con las mujeres empieza de mi infancia, por tener problemas con mi mamá, pero eso ahora no me interesa.
- Entiendo. A tus 40 años, encontrar una mujer que realmente te mueva un pelo y no precisamente de tus genitales, te parece una situación completamente desconocida y el ser humano por excelencia tiende a atemorizarse frente a las situaciones que no conoce.
- Exactamente. No se cómo entender lo que siente ella. Y lo que es peor de todo, no se cómo entenderme a mí mismo, con mis sentimientos, con cómo reacciono frente a ellos... ¿cómo hago para que no crea que es una más? ¿que la quiero a ella por su forma de ser, porque es inteligente, divertida, y no solo porque es linda? Pero sobre todas las cosas... ¿cómo hago para saber qué hacer yo? ¿cómo me doy cuenta de cuáles son mis sentimientos?
- Eso no importa; es decir, sabés cuáles son tus sentimientos, vos mismo lo dijiste: ella te gusta por cómo es, no es solamente atracción física. Y en el caso de que no sepas cómo se llama lo que sentís, no tenés por qué ponerle nombre a todo... digo, los sentimientos y pensamientos no son como las cajas donde guardás la ropa, no hace falta que los separes por estación y le pongas la etiqueta de qué es cada cosa... simplemente, pensás, sentís, actuás en consecuencia. A veces es mejor no pensar tanto.
- Claro, como si fuese tan fácil. Por ejemplo, el otro día me llamó y no llegué a atender porque de lo nervioso que estaba cuando supe que era ella, se me cayó el teléfono. Después la llamé y no me atendió, entonces le dejé un mensaje que pareciera casual. Y no volvió a llamarme. ¿Cómo explicás eso?
- ¿Se le rompió el teléfono? ¿Estuvo ocupada y no tuvo tiempo de revisar sus mensajes? Hay miles de situaciones que pueden estar pasando,no podés tener el control de toda su vida... yo creo que estás exactamente en la peor fase del enamoramiento. Estás en el momento en que pensás cada movimiento por separado y después, cuando la tenés en frente, hacés algo completamente distinto a lo que planeaste; estás en la etapa de quedarse horas al lado del teléfono esperando un insignificante mensaje de ella (sabías que cuando no existían los celulares, si tu novio o novia vivia lejos debías enviarle una carta que podía tardar hasta días en llegar? Yo no se qué harían las personas de hoy en día en esas situaciones... enloquecerían...), la etapa en la que la tenés en frente y no podés pensar en otra cosa que lo maravillosa que es, y lo genial que se expresa y analizás cada movimiento como si lo estuvieses viendo por primera vez, y una vez que llegás a tu casa no parás de reflexionar sobre cada insignificante palabra que dijo y sobre qué quiso decir con esa expresión, o qué tono adoptó su voz cuando alzó las cejas de tal o cual manera...Apuesto lo que sea a que cuando volvés de salir con ella estás imaginándote en tu próxima cita.
- Bueno, imaginemos que tenés razón, ¿cómo le llamo a eso?
- Digamos que estás empezando a enamorarte.
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