What is and what should never be.

29.12.10

Subte B

Es gracioso como un día puede estar completamente perdido, como el de hoy; el día de hoy se podría colocar en la categoría de días que tiraría al tacho de basura al cien por ciento, ya que fue un día para nada productivo. Son de esos días en que una se levanta entre las doce y la una de la tarde con una exclamación de mi mamá 'clari, tengo que salir, quedate con Emilia'
Cuestión que más a la tardecita me decido a ir al centro para sacar las entradas para ir a Kevin Johansen + The nada + Liniers, por lo que me convenía tomarme el subte be para no morfarme el tránsito de plena Avenida Corrientes a las seis de la tarde. Cuando entro a los andenes y estoy por sacar el boleto para viajar, junto a la boletería había una viejita; era bastante petisa y estaba desarreglada, pero no sucia. Me mira y me dice imperativamente '¿me podrías ayudar?' yo tenía en la mano dos pesos y pico en monedas, del vuelto por sacar el boleto. Yo creí que no tenía monedas para viajar entonces le pregunté si necesitaba monedas para un viaje. 'No, nena, no tengo trabajo' me dijo (acotación: y yo cómo carajo podía saberlo? es necesario usar la mala forma para pedir las cosas? después de todo, yo te estoy ayudando a vos), a lo que casi le respondo 'yo trabajo no te puedo conseguir, cómo carajo querés que te ayude?' pero no lo pensé más y le dí las monedas. ¡Ni gracias me dijo! Las agarró con desgano, me miró mal, dio media vuelta y se fue. Todo bien, ¿pero acaso ahora era mi obligación darle esas monedas? ¿Tan difícil era decir gracias?
Cuando volví de mi frustrante viaje hacia el ND/ATENEO, porque no conseguí entradas ya que solo quedaban las localidades más caras (110 pesos, no me parece para nada lógico che, aflojen el capitalismo), subí nuevamente al subte algo enojada con el mundo entero: hacía calor, no había conseguido las entradas, tenía 220 pesos encima mío y lo único que quería era llegar a mi casa. Estaba entre el apretón de gente típico de la hora pico, cuando veo a un señor jóven (20-30 años) con su blackberry mandándole un mensaje que decía algo como 'desde que te conocí me siento más seguro, hasta me das ganas de ir al trabajo' (o palabras parecidas) a un contacto con el nombre de P.A.C. Yo empecé a imaginarme una historia, que la chica podía llamarse Penélope Allen Carrey, o Paula Alicia Carmona (depende la edad y la nacionalidad), y se habían conocido en una agencia de detectives privados que investigaron el caso de una muerte que al parecer fue un accidente de alguien que se cayó en su bañadera, pero en realidad es obra de un asesino en serie (todavía no me imaginé el resto de la serie). En un momento, al garsón que viajaba en el subte se le acaba la batería de la blackberry y agarra otro celular, un sonny ericson creo, y escribe exactamente el mismo mensaje; es entonces cuando veo, que el destinatario se llamaba Pablo Andrés (y el apellido con C no llegué a verlo, porque entré a reirme desenfrenadamente por haber estado tan corta de imaginación), por lo que debí suponer que el tipo era homosexual, y seguramente no trabajaba en una agencia de detectives, sino en una oficina en Puerto Madero, y su vida era completamente monótona y aburrida hasta que conoció a Pablo (PABLO, no Penélope ni Paula). Seguí sonriendo cuando me bajé del subte y sonreí todo el camino hacia mi casa (las cinco cuadras que hay entre Corrientes y Diaz Velez), pensando en que iba a tener que encontrar otra pareja para investigar el caso del asesino en serie porque Pablo y el garsón del subte (seguramente se llama Julián o José o Armando) van a estar demasiado ocupados planeando sus vacaciones a Las Vegas.

Nota al pié: ¡qué simpáticos pueden llegar a ser los kiosqueros!

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