Bueno, para ser directamente directos (valga la redundancia) hoy hace un año que ya no salimos. Suena como que todo este año estuve esperando volver a salir con vos, y no, nada que ver, solo me acuerdo exactamente de la fecha porque fue una fecha bastante rara para mí: estaba por empezar el 2010, acababamos de cumplir dos meses (formalmente) y yo tenía muchísimas dudas dentro de mi cabeza. Pero no voy a entretenerme hablando de esto. Justo hoy mismo, 27 de diciembre, me preguntaba si "la vida" (por no llamar de otra forma a esa sucesión de hechos que nos ocurren uno tras otro) nos dá muchas oportunidades de equivocarnos, y si lo hace, por qué nos equivocamos a la quinta, sexta oportunidad. Por ejemplo, con vos no tuve más oportunidades. Quizás me haya equivocado ese 27 de diciembre de hace un año, no lo sé en realidad, nunca me detuve a pensar mucho en cómo hubiera sido todo si no hubiéramos terminado ese día (porque igualmente íbamos a terminar; ahora lo veo más que nunca, somos tan distintos vos y yo! sería muy dificil ir a la par en este "ahora").
Justo estos días estaba escribiendo sobre dos personas que estuvieron muy "enamorados" durante todo el secundario, y por las idas y venidas de la vida no se volvieron a ver después de terminar quinto año, y se reencuentran después de cinco años. Ella se plantea seriamente si pasarle cabida al reencuentro, o seguir todos sus planes y estructuras que tenía armadas en ese momento. Ella tiene mucho miedo porque, al igual que como cuando eran adolescentes, él interrumpía todo su esquema para hacerla dejar todo y fumarse un montón de ilusiones que después no llegaron a ningún lado.
Básicamente este texto no apunta a ningún lado-
es solo que el fin de año me hace reflexionar sobre para qué sirve el paso del tiempo exactamente, y no encuentro una respuesta completamente convincente.
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