What is and what should never be.

27.10.10

Somos la rabia.

Cuando empecé a ir a lo de Graciela todos los martes no fue porque yo quisiera sino porque mi mamá y mi papá no iban a estar a tiempo para hacerme la comida. Graciela era la chica más fea de mi grado pero a mi no me importaba porque se reía mucho y sabía muchas cosas. Por ejemplo, cada mañana sabía el pronóstico del clima, o sabía si salían nuevas leyes o alguien presentaba un proyecto de ley al Congreso. También sabía muchísimo de Historia, en las clases de Sociales siempre levantaba la mano y hablaba de todos los próceres como si los conociera. De Naturales no sabía tanto, ahí estaban Rodrigo y Camila, que eran unos genios; se sabían todas las especies de animales y qué comían y cómo se reproducían y esas cosas que a ni a mí ni a Graciela nunca nos interesaron. Yo no me destacaba en nada, no sabía tanto de tantas cosas. Me gustaba mucho jugar a la pelota, eso sí; atrás en mi casa teníamos un terreno medio vacío que no se usaba para nada, y yo me la pasaba jugando a la pelota; más de grande empecé a tocar la guitarra, pero eso fue después de terminar el primario. Yo estoy hablando más o menos de principios de 1974, y yo estaba empezando séptimo grado, el último año del primario, pero nadie nunca me había hablado sobre qué iba a pasar después, así que tuve que averiguarlo yo mismo. Pero ese es otro tema.
En realidad, en mi casa no me hablaban de nada. La televisión hablaba por mis papás, nada más. Y mi hermana que llegaba todas las noches con una angustia distinta, hasta que conoció al profesor de la facultad y se fue a vivir con él.
Cuestión que mi mamá conocía al papá de Graciela del secundario, o de algo por el estilo y en las vacaciones arreglaron que yo iba a ir los martes a comer a lo de ella, después del colegio, y que a las cinco de la tarde me iba a volver a mi casa. Yo desde cuarto grado viajaba solo y no iba a lugares muy lejos, así que eso no fue problema, solo tenía que caminar pocas cuadras. Graciela hablaba muchísimo, pero todo lo que decía era interesante entonces yo no me cansaba de escucharla. Hablaba mientras comíamos, mientras nos sentábamos a ver la tele, mientras mirábamos las nubes en su balconcito, y mientras tomábamos la leche antes de que yo volviera a mi casa; hablaba siempre y yo de vez en cuando hacía preguntas. Siempre eran del estilo de '¿cómo sabés eso?', o '¿pero eso quién te lo dijo?'; me acuerdo que una vez le pregunté '¿alguna vez vas a escribir un libro con todas las cosas que sabés?' y ella me dijo que si cada persona que supiese muchas cosas escribiese un libro, todos los libros dirían las mismas cosas. Que los libros no estaban para escribir cosas que uno supiese, sino para escribir cosas que uno había inventado. Y yo en ese momento pensé que en mi casa había pocos libros. Mi mamá tenía un libro de cocina, porque ella trabajaba en un restaurante, y ese libro de cocina estaba escrito por alguien que escribió cosas que sabía, no cosas que había inventado.
Por esos días, Graciela me empezó a hablar de Perón. Me contó que su papá era "militante peronista" y que ella también era "peronista". Y yo no sabía qué era ser "peronista" pero como ella me lo dijo como si fuese una palabra tan conocida como "escuela", yo no le pregunté qué significaba, y seguí escuchando sus monólogos sobre Perón y Evita. Me contó mucho sobre Evita y una vez me mostró una foto de ella que su papá tenía colgada en su habitación. Me contó que había conocido a Perón en un acto político y que ahí se habían enamorado y que juntos hicieron muchas cosas; que, por ejemplo, ella había hecho que las mujeres pudieran votar.
Una vez, Graciela llegó al colegio y se sentó sin saludar ni decir nada. En las clases no habló y estaba muy pensativa mirando su cuaderno, y yo le veía los ojos entornados por detrás del vidrio de sus anteojos. En el recreo en lugar de bajar con los chicos a tomarme un helado me quedé hablando con ella; en el colegio no hablábamos mucho porque ella en los recreos estaba con sus amigas y saltaban a la soga, o dibujaban cosas, y nosotros siempre bajábamos al patio a correr un poco por ahí o a molestar a los más chicos.
'¿Sabés lo que pasa?' me dijo, moviendo expresivamente las manos, como siempre hacía ella.
- ¿Qué pasa? -pregunté como bobo, como siempre hacía yo.
- Que Evita murió de cancer, ¿no? ¿sabés lo que es cancer? -yo sabía qué era el cancer, y me sentí bien por eso. Sabía que el cancer era una enfermedad incurable, porque mi hermana me contó que mi abuela se había muerto de cancer cuando mi mamá era muy chica.
- Sí.
- Bueno, hoy estaba caminando para la escuela y vi un mural, de esas cosas que están escritas en las paredes de las calles. Vi un mural que decía 'VIVA EL CANCER' y la fecha de la muerte de Evita.
- ¿Y eso te enojó tanto?
- No me enojé, solo me quedé pensando.
- ¿No es lo mismo, acaso? -Graciela se rió y su sonrisa me pareció linda.
- No, claro que no. Enojarse es sentir mucha bronca porque alguna cosa afectó directamente a tu persona; quedarse pensando es algo distinto. Quedarse pensando es solo quedarse pensando.
- A ver si entendí... los que dibujaron eso... son los enemigos de Evita. Los antiperonistas -dije, recordando cómo ella llamaba a los que no estaban de acuerdo con Perón.
- Sí, pero ser antiperonista es hacer política, es tener una idea; en cambio, escribir eso es mezquino, no es hacer política.
- ¿Ah no?
- Y no... -dijo con paciencia - porque el cáncer no tiene nada que ver con la política. El cancer tiene que ver con las personas. Digo, los que dibujaron eso no se dieron cuenta que Evita era una persona? Por más que no estén de acuerdo con ella, no tendrían que haber pintado eso... porque el cáncer afecta a las personas, por más que sean políticos o no.
- Entonces sí estás enojada.
- No, enojada no. Solo que hay muchas cosas que no entiendo.

Meses después me acordé de ese diálogo, porque Graciela había faltado al colegio. Era primero de julio y era lunes, el día que no la vi sentada en el primer asiento del aula como siempre. Me preocupé por ella, porque si estaba enferma al día siguiente no iba a poder ir a comer a la casa e iba a tener que arreglar con otro compañero. Pero al día siguiente la vi, y otra vez (como aquella que me explicó lo de Evita) nos quedamos sentados en un costado del aula. Le pregunté por qué había faltado.
- Porque ayer se murió Perón. Ahora el país va a cambiar mucho, ¿sabés?
No, yo no sabía nada de nada. Me pregunté cómo se sentiría que se muera un ídolo como era Perón para ella, pero no se lo pregunté por si se ponía triste; sí que tenía que estar triste, como para faltar a la escuela por eso... a mí siempre me habían dicho que solo se faltaba a la escuela por una buena razón.
Dos semanas después de eso, yo estaba caminando para la escuela y vi el mural del que ella me había hablado, que decía 'VIVA EL CÁNCER'; pero abajo, había otra escritura más que rezaba 'SOMOS LA RABIA'. Me quedé pensando en la palabra "rabia"... qué era? cuando tenés mucha bronca... cuando a los perros les sale espuma de la boca... 'bueno, cuando llegue al colegio le pregunto a Graciela a ver si ella también lo vio'. Cuando llegué al colegio fui corriendo a hablar con Graciela, que estaba sentada en su banco terminando una tarea, y la maestra todavía no había llegado. Le pregunté qué quería decir todo eso de 'SOMOS LA RABIA', que qué tenía que ver con el cáncer y con Evita.
- Lo que pasa es que cuando se murió Perón, entre los partidos políticos empezó a circular la idea de que muerto el perro, muerta la rabia.
- Cómo se muere la rabia? -yo no entendía nada. Graciela sonrió, porque tenía mucha paciencia.
- Bueno, no se muere, muere exactamente. Lo que quiere decir la gente, los antiperonistas a decir verdad, es que una vez que se murió Perón, se murió el Peronismo; que nadie más va a militar ni a idealizar los pensamientos de Perón porque él ya se murió. Entonces sacaron comunicados, volantes, pancartas que decían eso: muerto el perro, muerta la rabia. Entonces nosotros, los peronistas, vendríamos a ser la rabia.

Solo el 24 de marzo de dos años despues entendí exactamente a qué se refería.

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