Les pedí fuego y
del bolsillo saqué una rama pa convidarlos; y,
bajo un árbol del otoño nos quedamos
chamuyando. Me contaron de sus
vidas, de sus
triunfos, sus
fracasos; de que el mundo andaba
loco, y
hasta el cielo fue comprado. Y yo ya no esperaba a
nadie, entre las risas del aquelarre;
ahi donde dobla el viento y
se cruzan los atajos,
ahi donde brinda la vida:
en la esquina de mi barrio.
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