La suspención que el pelo pide al caminar, resortes de un andar clavados en los setenta; dos de cristal en la bolsa, más rápido que un rayo. Un mundo de miniaturas, revistas de rock, pero de rock nacional; el sapo ahí en su latita de nesquik, un artesano hasta en su manera de mirar. Aquel mueble de su vieja, cajones de los misterios, melodías de pescado siempre sonarán
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