Ella solía escribir historias de amor, de esas que luego se hacían película; con su inspiración grandes finales creaba, luego a todos les daba gusto leer.
Todo esto hasta que apareció ÉL, con su sonrisa suficiente para hacerla perder el tren, y para un nuevo final inventarle a sus historias.
Se conocieron una noche de invierno, que simulaba ser primavera, en esa plaza poco iluminada. Ella, lastimada en antiguas relaciones, prometió una vez a la nada, nunca más volver a enamorarse. Pero no podemos engañarnos, una vez más volvió a caer. Tan solo bastaron varias noches como esa en aquella plaza, para su chispa encender y que luego, irresponsables, se enamoraran.
Se los veía por la calle dentro de un largo cuento; "Qué tarados" pensaban algunos, mientras que otros pensaban "hay, qué tiernos".
Sus historias comenzaban a ser todas iguales, sin pasión pero tampoco sin sufrimiento, todo eso de color rosa y perfecto, siempre el mismo "vivieron por siempre felices", sieempre el mismo final. No reflejaban el verdadero amor, no reflejaban eel toque personal que antes, de esas historias, era la característica principal.
En la escuela se colgaban, de mandarse mensajes no paraban; poco a poco, sus amigos otro lugar ocuparon. Sus mentes se fueron achicando, pensando que en el mundo los únicos eran ellos dos.
ÉL una vez se planteó, si era eso lo que quería, si a ella podría destinar su vida, y como todo empezó, la dejó. ¿Por otra? La dejó por ÉL mismo, por ganarse nuevamente a sus amigos. Algunos lo llaman "Libertad", otros "desconsideración", la mayoría "despecho" ella lo llama dolor.
Los mensajes nunca más llegaron, sus amigos, claro, volvieron pero ÉL nunca volvió. La plaza quedó a oscuras, la llovizna comenzaba a caer, y eso que era verano.
Así como, ese día, la plaza se inundó con la lluvia, las lágrimas bien agrias inundaron su corazón.
Con su alma desgarrada, todas las hojas de sus historias amorosas rompió, ahora solo escribe historias de terror.
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